La historia del café

Aunque hoy en día no se concibe una sociedad sin café, lo cierto es que también ha sido prohibido, criticado y repudiado por diferentes sectores a lo largo los siglos. ¿Nos acompañas a recorrer un poco de historia?

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Qué sería de muchos de nosotros sin ese café cargado de la mañana? ¿Sin esa taza humeante y espumosa después de comer o esa otra que apura sobremesas? El café es una de las bebidas más consumidas en todo el mundo y es por ello que se convierte en el producto más comercializado después del petróleo.

La cultura del café siempre ha estado muy presente en los países mediterráneos como Turquía, Italia o España, ¿pero cuáles son sus orígenes? Atrás hay siglos de historia con episodios vibrantes que intentaremos resumir lo largo de estas líneas.

Existen muchas leyendas en relación al origen del café. Una de las leyendas más conocidas cuenta que un pastor llamado Kaldi conducía a su rebaño en Etiopía. Un día las cabras encontraron unos cafetos y comieron sus bayas y masticaron las hojas. Llegada la noche las cabras en lugar de dormir se pusieron a retozar alegremente y mantuvieron la energía toda la noche.  El pastor llevó unas muestras de hojas y de frutos a un monasterio, donde los monjes por curiosidad las pusieron a cocinar. Al probar la bebida la encontraron de tan mal sabor, que arrojaron a la hoguera lo que quedaba en el recipiente. Los granos a medida que se quemaban, despedían un agradable aroma. Fue así como a uno de los monjes se le ocurrió la idea de preparar la bebida a base de granos tostados.

Leyendas aparte, se sabe que la palabra “café” proviene del término turco qahve, a su vez, procedente del árabe, qahwa. El término árabe sería una abreviación de la expresión qahhwat al-bun o vino de la habichuela.

Fue Mahoma quien le dio el nombre de qahwa, que significa excitante, energético, vigorizador. Precisamente sobre sus alteraciones en el organismo humano hizo que los imanes ortodoxos de La Meca (1511) y El Cairo (1532) se planteasen si las determinadas características se ajustaban a los parámetros del Corán, el cual prohíbe todo tipo de intoxicación. Sus conclusiones llevaron al emir Khair Bey a prohibirlo, pero las revueltas surgidas tras el cierre de las cafeterías hizo que las autoridades derogasen el edicto. Por aquella época, el café se había extendido por Persia, Egipto, África Septentrional y Turquía, donde en 1475 abriría sus puertas en Estambul la primera cafetería del mundo.

La primera mención que se tuvo en Europa del café aparece en un libro publicado en 1583 por el botánico y médico alemán Léonard Rauwolf, quien acababa de volver de un largo viaje por Oriente Medio. Desde entonces, el café fue una bebida no exenta de polémica; prohibida en los Emiratos Árabes y en Rusia, con penas de tortura y mutilación, tachada de “amarga invención de satanás” por algunos sacerdotes católicos y reprobado por los sectores protestantes.

En el sur y oeste de Europa se observó una mayor tolerancia. Gracias a los mercaderes venecianos, siempre con el oído atento al mercado de las especias, la nueva bebida llegó a Europa en el año 1615. En la década de 1650 comenzó a ser muy importado y consumido en Inglaterra, y se comenzaron a abrir cafeterías en Oxford y en Londres. La primera cafetería en Londres se abrió en 1652. El café cruzó el Atlántico en 1689, con la apertura del primer establecimiento en Boston. La bebida ganó popularidad y obtuvo el rango de bebida nacional.

Pero no fue hasta el siglo XVIII cuando el café alcanzó su completa aceptabilidad social, cimentando la posición del café como un producto indispensable a día de hoy.

Los colonos europeos introdujeron el cultivo del café en numerosos países tropicales, como un cultivo de exportación para satisfacer la alta demanda europea. Tanto es así que, hoy en día las principales regiones productoras de café son América del Sur (particularmente Brasil, Ecuador y Colombia), Vietnam y Kenia.

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Noelia Jimenez